Cada vez se habla más del rol de las grasas en la dieta y también de sus funciones en el metabolismo.
Hoy hay muchos trabajos que confirman que el “comer más grasoso” , es una causa de aumento de peso, que no siempre está relacionada con las calorías totales de la dieta, además de favorecer la hipertensión arterial.
En general, si se reemplazan parte de las calorías provistas por las grasas, por hidratos de carbono complejos (frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutas secas) aún manteniendo constante el valor calórico del día, el comportamiento del peso es diferente.
No es sólo las 9 Calorías por gramo que aportan las grasas es lo que cuenta, sino especialmente el tipo de grasa que se está aportando al organismo.
Es sabido que las grasas saturadas (presentes especialmente en el reino animal: carnes, yema de huevo, manteca, quesos, fiambres, etc) son las responsables del aumento de enfermedades cardiovasculares en lo que a alimentación respecta. En cambio, cada vez se habla más favorablemente de las grasas insaturadas (mono y poli –insaturadas) presentes en aceites vegetales , palta, aceitunas, semillas (lino, sésamo, girasol ), frutas secas (almendras, nueces, maníes, etc), pescados (como único representante del reino animal para este tipo de grasas). Ellas aportan ácidos grasos esenciales para la protección cardiovascular y también para la regulación del metabolismo.
Por eso, a la hora de elegir, no es lo mismo cubrir el 30% de las calorías del día con grasas “chatarra” que con una buena calidad de aceites.
Pero recuerde: la cantidad siempre cuenta, aunque se trate del bondadoso aceite de oliva.
¡Hasta nuestro próximo bocadito!
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