Fiestas, tiempo de reencuentros

Todos corremos de un lado para el otro. La “buena onda” está en el aire, las casas y negocios brillan con sus luces y se respira un clima festivo. También, en medio de la alegría, se escucha alguna que otra inevitable discusión en torno a qué casa se elegirá para festejar: “en la de tus padres ya estuvimos el año pasado, ahora toca en la de los míos”. Tampoco faltan las discusiones en cuanto a los regalos y al menú de esas noches.

Y si, todo esto forma parte del folclore del festejo de la Navidad y la llegada de un nuevo año; de esas fechas tan especiales que tienen esa capacidad de paralizar todo, de generar reencuentros con amigos de años y de poner alrededor de una misma mesa a toda la familia.

Sin embargo, ¿nos hemos puesto a pensar en el verdadero significado de estas celebraciones?

La Navidad es mucho más que comida, bebida, regalos y relaciones; esta es la fecha en la que la cristiandad celebra el nacimiento de Jesús. Es un tiempo de reflexión y sencillez, de escuchar el dulce mensaje de amor de un Dios que nos está buscando, que quiere que podamos reencontrarnos con Él. El Año Nuevo, en tanto, significa el final de un ciclo que tal vez fue excelente, bueno o no tan bueno, pero al mismo tiempo es la oportunidad de comenzar otra vez, de levantarnos; de volver a soñar, a proyectar, a construir.

Por eso vivamos estas Fiestas no solo como una formalidad, sino como una oportunidad para acercarnos a Dios, quien se hizo cercano a nosotros. Y así podamos celebrar una “noche de paz”, y una noche de “nuevos comienzos”. Volvamos a encontrarnos con Dios, con nosotros mismos y con esas personas de las que nos hemos distanciado, muchas de las cuales tal vez nos han herido sin querer.

Desde Clínica Diquecito le invitamos a volver a la esencia de estas fiestas, y a festejar no solo nutriendo nuestro cuerpo sino, sobre todo, nuestra alma y espíritu.

¡FELICES FIESTAS!