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La mala alimentación y el sedentarismo son un cóctel temible, y sus efectos son peligrosos incluso para los más pequeños de la familia. Estas malas prácticas, que crecen cada vez con mayor fuerza en nuestros hogares, han llevado a que cada vez se detecten más casos de colesterol alto en niños a partir de 5 años de edad, con el agravante de que éstos pueden sufrir eventos cardiovasculares a temprana edad si no se aplican a tiempo medidas correctivas y un tratamiento efectivo. “Hace unos años no era habitual pedir un examen de colesterol a un niño, tal como se hace en los exámenes de rutina de un adulto. Sin embargo, esta realidad empezó a cambiar hace ya un tiempo”, señala la doctora Karla García, co-responsable del Programa de Obesidad Infanto-Juvenil de Sanatorio Diquecito. Y es que el número de niños y adolescentes con colesterol alto se está incrementando en nuestro país y en el mundo, de la mano del aumento de la prevalencia de la obesidad infanto-juvenil. Hoy, a diferencia de lo que ocurría años atrás, un buen pediatra debe buscar una hipercolesterolemia (colesterol alto) en chicos que tengan sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial y diabetes. Esto no significa que un niño con peso y talla normal esté excluido del riesgo, si existen en su historia familiar padres con colesterol alto o que hayan tenido un evento coronario o cardiovascular precoz, es decir antes de los 55 años.
El papel de la familia La doctora María Franco, co-responsable del programa, explica que el principal riesgo que conlleva esta condición en los niños es que el colesterol superior a los niveles adecuados es un factor determinante en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular en el adulto joven. Esto nos lleva a reforzar la importancia de detectar y tratar estos casos desde la pediatría. Y a los padres a estar atentos a que los chicos tengan una alimentación saludable tanto en casa como en el colegio, reduciendo además la cantidad de horas que sus hijos pasan sentados frente a la computadora, el televisor y los videojuegos. “Los pediatras recomendamos menos de 2 horas de pantalla por día y, en la práctica, tenemos pacientes que pasan hasta 6-8 horas diarias. En este sentido el papel de la familia es también determinante”, advierte la doctora Franco.
El mejor tratamiento: hábitos saludables Las investigaciones indican que un niño con colesterol más alto de lo normal tiene un 50% de probabilidades de mantenerlo elevado en la vida adulta, si no se realiza un tratamiento adecuado. El tratamiento de la hipercolesterolemia en niños y adolescentes es dietético: “Consiste fundamentalmente en cambiar pautas alimentarias, incorporando hábitos saludables que persistan en el tiempo. El tratamiento farmacológico está reservado para casos muy puntuales: sólo cuando nos encontramos con cuadros de hipercolesterolemia grave, y siempre que se trate de mayores de 10 años”, agrega la doctora García. En cuanto a la actividad física, la cual es importantísima para el menor, la “ideal” es aquella que a éste le guste y lo motive, de manera tal que el niño pueda mantener su práctica a lo largo del tiempo, tres veces por semana.
El programa de Sanatorio Diquecito Atentos a esta situación tan compleja, Sanatorio Diquecito puso en marcha un programa de tratamiento de la obesidad infantil dirigido a niños y adolescentes de 7 a 15 años, liderado por un grupo interdisciplinario de médicos, psicólogos y nutricionistas especializados. El niño ingresa a la institución acompañado por uno de sus padres, y ambos hacen una internación conjunta por 7 días en la que, además del tratamiento del sobrepeso u obesidad y sus complicaciones eventuales, se le enseñan nuevos hábitos saludables de alimentación y se lo motiva a incorporar la actividad física en su vida diaria. Asimismo, se realiza un profundo diagnóstico para determinar su grado de sobrepeso u obesidad y la existencia de enfermedades asociadas.
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