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Según una encuesta realizada recientemente por TNS Gallup para el diario La Nación, cuatro de cada diez personas sienten que les falta la energía, tres de cada diez están estresados y dos de cada diez dicen estar deprimidos.
Pero hay algo tal vez más preocupante que todo lo anterior: la mitad de los jóvenes encuestados admitió haber experimentado alguna de las tres dolencias (estrés, falta de energía o depresión) en los últimos doce meses. |
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El stress es una respuesta automática y natural de nuestro organismo ante situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes. Cierta cantidad de stress (activación) es necesaria.
No es, contrariamente a lo que la mayoría considera, una consecuencia de circunstancias externas a nosotros; es un proceso resultante entre los eventos del entorno, más nuestras respuestas físicas, emocionales, y cognitivas.
Ahora, si la respuesta se intensifica o prolonga en el tiempo, nuestra salud y rendimiento, ya sea académico, laboral, familiar, se verán alterados. La persona se implica en exceso en cada situación, intentando atender exigencias sentidas como inaplazables, viéndose rápidamente desbordada. |
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| El impacto del stress puede representarse en forma de síntomas, siendo los más comunes los siguientes: hiperactividad, trastornos del sueño, depresión, enfermedades psicosomáticas: digestivas (síndrome de intestino irritable), respiratorias (asma bronquial, hiperventilación), cardíacos (angina de pecho); enfermedades endocrinas: obesidad, hipotiroidismo y diabetes; enfermedades dermatológicas, y enfermedades psiquiátricas: trastornos de ansiedad, trastorno depresivo, uso y/o abuso de sustancias psicoactivas. |

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Definitivamente, pero atendiendo específicamente al tiempo que la sintomatología tiene en nuestro organismo. Es decir, es distinta la perspectiva si el malestar recién comienza a sentirse a si este lleva meses, caso en el cual se necesitará ayuda profesional con un enfoque terapéutico que tome a consideración la totalidad de los procesos que interactúan, como el somático, psíquico, social y cultural. Tal es el enfoque que brinda Sanatorio Diquecito. |

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| A continuación proponemos una serie de actividades reductoras del stress: |
- Divertirse: realizar actividades placenteras y que ayuden a la relajación.
- Expresar sentimientos: las emociones necesitan ser expresadas regularmente, de lo contrario conforman los cimientos del stress.
- Dormir bien: escasas horas o poco sueño reparador no le permiten al cuerpo recargar energías.
- Aprender y realizar ejercicios de relajación.
- Realizar actividad física: la actividad regular es la mejor manera de reducir las tensiones y sentirse rápidamente bien, logrando más energía y mejor actitud hacia la vida.
- Promover y desarrollar buenas relaciones interpersonales: es importante tener amistades en quienes confiar y encontrar apoyo. Promover el diálogo con pareja e hijos.
- Establecer una relación de pareja plena: una pareja amorosa, sensual y con vida sexual satisfactoria es un reductor fundamental del stress.
- Cambiar actitudes y percepciones ante la vida.
- Implementar una dieta adecuada.
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Si pese a las sugerencias el malestar continua, es entonces un buen momento para la consulta profesional, que contemple un abordaje específico.
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